Artículos y crítica

La Muralla Bizantina. El Aura.

Antonio Gómez Ribelles, 2006

El Aura

“¿Pero qué es el aura? Una trama muy particular de espacio y tiempo: irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que esta pueda estar”.
Walter Benjamin.

Encontrar palabras que definan, o que expliquen. Palabras que fundan el aire y el mar con la distancia. En los cuadros la pincelada lo sabe hacer rápido, todo se hace sencillo entre la mirada y la mano.

La pintura busca lo esencial y perpetúa el aura del espacio en la lejanía o en la proximidad como en el eco infinito.

Lola Montero se asoma a la periferia del paisaje urbano y se encuentra con un mar que inunda el cuadro y la bahía, que en lo más próximo nos llena y en lo más lejano nos envuelve en nubes, haciendo las cosas más próximas a nosotros mismos.

Y respetar la indefinición del agua. Dejar que ocupe el ámbito vertical que pertenece al aire y que flote en la niebla que suaviza el cielo.

Y la muralla entre el mar y el tiempo, dibujando la línea del cielo, la línea en el agua, la pared que el hombre ausente levantó para crear una fachada desde donde mirar el mar o darle la espalda.

La tierra no importa. Hoy no importa.

Recorrer lentamente la línea del cielo que forma el muro, porque el horizonte se pierde en la boria que extrañamente apaga la luz del sureste, dejándolo todo teñido de voces azules.

Y ahí está todo. Lo real y la memoria. Lo ocurrido, lo presente y todo el tiempo entre ellos.

Y Lola.

Antonio Gómez Ribelles.
Marzo 2006.

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